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Mini relatos:

U n a p u t i t a g r i n g a

Hola, les voy a relatar una de las aventuras de Mona, una hermosa putita gringa que esta como quiere, la historia es real ella me la contó por mail y yo solamente la escribí para publicarla.

Su nombre es Mona, nació y creció en los estados unidos y habla muy bien el español porque su papa era latino y siempre quiso que ella aprendiera los dos idiomas a la vez, el inglés y el español.

Mona tiene treinta años de edad, de piel blanca, 1.66 mts. de estatura, y de medidas 88-60-90, todos los hombres que la conocen dicen que es muy guapa y que esta muy buena. Sus nalgas son redondas, paraditas y suavecitas, su cintura es estrecha debido el ejercicio continuo que realiza, sus piernas son largas y torneadas, sus chiches son hermosas y firmes, su panocha es linda y apretadita, su culito es rosado y fruncido y aprieta muy bien la verga y su boquita es linda, carnosita y se ajusta como un guante a todos los tamaños de pitos. En fin, que nunca nadie se ha quejado de su cuerpo y muchos son los que lo han gozado en todo su esplendor. Todo esto lo podrán comprobar con las fotos de Mona que adornan este relato.

Desde muy joven despertó al sexo con una animación y una voracidad poco comunes en las adolescentes de su edad. En cuanto descubrió la verga y todos los placeres que preceden y acompañan al acto sexual, ya no se pudo separar de ellos y hasta la fecha sigue gozando con todos los hombres que le gustan, y si son dos o más a la vez, pues todavía lo goza más. Pero no se me vayan a ir con la finta, no estoy diciendo que ella sea una puta callejera, solamente tiene una definida vocación de puta, pero por lo demás, es una mujer culta, profesionista, refinada y elegante a quien le gusta vestir sexy y mostrar generosamente los atributos que la naturaleza le dio, pero cuando le gusta un hombre, pues simplemente se lo lleva a la cama y le exprime la verga con todas las partes de su cuerpo.

Mona esta casada con un hombre al que ella considera maravilloso y el mejor de los hombres y al que ama y respeta con toda el alma y que desde el principio ha comprendido y aceptado su vocación de puta, y no solo la ha comprendido sino que la ha animado y encauzado por placeres que ella nunca se había imaginado. No es un hombre misógino, machista ni celoso y le gusta que ella pueda gozar de su sexualidad abiertamente y sin falsos tabúes convencionales que son los que impiden a muchas mujeres el abrirse a disfrutar un mundo que generalmente les esta vedado debido precisamente a esos tabúes y a los convencionalismos sociales y religiosos.

La historia que voy a contar es real y sucedió en un lugar de la ciudad de México en uno de los viajes de placer que su esposo y ella realizan ocasionalmente a diversas partes del mundo.

En esta ocasión que sucedió el año pasado, decidieron visitar la ciudad de México y conocerla un poco mas a fondo pues aunque ya la habían visitado anteriormente, siempre había sido prácticamente de pasada sin conocerla realmente. Durante varios días visitaron museos y teatros y otros lugares de interés incluyendo el centro de la ciudad, y ahí fue donde sucedió lo inesperado.

Después de un ajetreado día de paseos, fueron a cenar a un restaurante-bar del centro de la ciudad, en donde comieron y bebieron y después de varias copas, ella tenia unas ganas inmensas de coger y de que se la cogieran por todos sus orificios, pero no quería hacerlo con su marido, quería hacerlo con algún extraño, con un mexicano moreno, se lo comento a su esposo y el estuvo de acuerdo en que deberían buscar a algún hombre para que le bajara la calentura a ella. Vieron a los hombres que había en ese momento en el bar y ninguno le llamo la atención a Mona pues ella quería a un hombre de barrio pues ya tenia algún tiempo con la fantasía de que se la cogiera algún obrero o albañil o algo por el estilo y en el bar no había en ese momento nadie que pareciera ser un obrero, pues claro, ya que se encontraban en un bar de lujo y en México los hombres de barrio no asisten a ese tipo de lugares.

En fin que decidieron que ella saldría a caminar por las calles del centro tratando de ligar a alguien y que el la esperaría en el hotel, esto ya lo habían hecho anteriormente en otras ciudades del mundo por lo que les pareció natural el hacerlo en México.

Mona iba vestida con una minifalda color rosa que dejaba ver buena parte de sus hermosos muslos, y una blusa blanca escotada y mostrando una parte de sus preciosos pechos.

Ya eran más de las once de la noche y mona ya había recorrido tres o cuatro calles cuando empezó a sentir cierto temor pues las calles se encontraban muy solas. Su temor era a sufrir una violación pues a ella le gustaba la verga con singular alegría y adoraba que se la cogieran, pero no le gustaba la violencia, ella era puta de corazón y podía coger y entregarse a cualquier hombre pero siempre y cuando no interviniera la violencia, pues si ella era capaz de dar cualquier cosa de buen modo, ¿para que quitárselo de mal modo?, de manera que el encontrarse sola en un lugar que no conocía y tan desolado como se encontraba el rumbo en ese momento, si le dio miedo, y entonces decidió que regresaría a su hotel y cogería con su marido hasta exprimirle la verga por completo, y camino mas rápido para regresar.

Y en eso estaba pensando, cuando debido a la penumbra que imperaba en esa calle, sus pies tropezaron fuertemente con algo, de momento pensó que se trataba de algún bulto que alguien había dejado tirado en el suelo, pero al voltear hacia abajo vio que se trataba de un hombre que se encontraba sentado en la banqueta, era un vagabundo, un vagabundo mugroso y desaliñado, quien al sentir el puntapié que Mona le propino sin querer, le dijo:

Ora pinché vieja pendeja, ¿que no se fija por donde chingados camina?

Disculpe usted –contesto ella tratando de reponerse del susto inicial- es que no lo vi. a usted ahí tirado.

¿Pues que esta usted ciega o que?

Pues claro que no estoy ciega pero no estaba viendo hacia el piso.

Mona decidió dar por terminada la discusión y seguir con su camino, pero en eso se dio cuenta que tres vagabundos mas ya la estaban rodeando e impidiéndole el paso. Los cuatro tipos estaban mugrosos y vestidos con ropas sucias, y su edad era indefinible, a los ojos de Mona, podían estar entre los treinta y los setenta años

Con permiso –dijo ella tratando de pasar entre los vagabundos, pero uno de ellos la tomo de un brazo y le dijo.

Ni madres señorita usted no se puede ir así nada mas, acaba usted de patear a uno de mis compañeros y tiene que hacer algo por el.

Pero si ya le dije que fue sin querer –contesto ella- y también ya le pedí disculpas.

No es suficiente con pedir disculpas…

¿Y que es lo que quieren? –pregunto ella pensando que quizás quisieran dinero, si eso era lo que querían pues ella se los daría y se iría.

Tenemos que ver si no esta herido o algo así –dijo el tipo.

¿Pero como va a estar herido si solo fue un pequeño puntapié?

Eso no lo sabemos, nosotros solo vimos que usted lo pateo, ahora hay que revisarlo para ver si no le duele nada.

Esta bien –contesto ella- si quieren les doy dinero para que lo lleven con un medico para que lo revise.

Eso no señorita, no queremos su dinero, usted fue quien lo pateo y usted debe de revisarlo.

De acuerdo –dijo ella después de pensarlo por unos momentos y adivinando quizás lo que los vagabundos querían- ¿que hago para revisarlo?.

Pues primero que nada debemos de meterlo a la casa –dijo el tipo.

¿A cual casa? -preguntó mona.

Pues a esta, que es nuestra casa –dijo nuevamente el tipo señalando un hoyo en la oscura pared el cual estaba tapado con una tabla y Mona ni siquiera había visto antes. Este media más o menos un metro de alto por uno de ancho.

¿Ahí es su casa? –pregunto ella un tanto incrédula.

Claro que si, aquí es nuestra casa.

 

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